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Reseña El último verano (marzo, 2022) de Iván Julca Anticona

 El último verano (Marzo, 2022)




Iván Julca Anticona (Lima, 1986). Ed. Pequeños lectores.
 Ilustraciones: Rosario Apcho.
 Diseño de carátula: Angie Alberdi. 68 páginas.


(De la contratapa)


Ignacio tiene 12 años y está entrando a la adolescencia. A pesar de que ya no quiere que lo traten como a un niño, descubrirá, en un viaje al pueblo de sus abuelos, muchas emociones nuevas, elementos fantásticos y una pérdida dolorosa que le demostrarán que aún le falta mucho por aprender, aunque comprenderá que será su último verano como niño.

Esta reseña contiene espoilers de la trama. Se recomienda discrección.


1
Con El caballero Carmelo (1913), de Abraham Valdelomar, se inauguró en la literatura peruana la figura del niño como personaje. Autores como Jorge Basadre explicaron que, a inicios del siglo XX, la narrativa nacional carecía de una figura infantil con rasgos nativos, y que con esta aparición se abría también un nuevo camino para nuestra literatura. Así se fue gestando una “tradición” que utiliza los ojos de un personaje infante para narrar el paso de la infancia a la adolescencia o a la adultez.

En El último verano, de Iván Julca Anticona, nos hallamos también ante un niño a punto de entrar en la adolescencia. A través de un viaje, comenzará a comprender el mundo adulto y su sociedad, y, por supuesto, esto producirá en él una transformación. No se trata de una novela o cuento de formación al estilo europeo, pero sí de una experiencia aleccionadora.

2
Antes de adentrarnos en el libro, vale la pena conocer un poco más de su autor. Julca Anticona es un escritor de cuentos y novelas breves, y también cultiva una poesía muy personal. Parte de su obra se encuentra en su blog personal y en algunas revistas literarias del medio limeño. Debuta en la narrativa peruana con El último verano, que puede clasificarse como un cuento extenso o una novela brevísima. Ese mismo año publica también Tefi no quiere comer, un cuento-álbum de temática infantil. Como vemos, el escritor peruano se inicia de forma inusual con dos libros en un mismo año.

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El último verano está narrado a modo de diario, fechado entre el 14 de diciembre y el 18 de marzo. El estilo que maneja el autor es sencillo, pero no por falta de habilidad literaria, sino como una estrategia para acercar al lector a su protagonista, un preadolescente que narra sus ilusiones y deseos propios de su edad. Ignacio, nuestro protagonista, es un escolar aficionado a los videojuegos de PC y que nunca ha viajado a las provincias de su país. Su visión del “mundo” es aún infantil y limitada a la información que le brinda Internet. Aunque no desprecia la vida fuera de la tecnología, su relación con la sencillez del mundo es conflictiva.

Así, al comenzar la lectura, el libro nos guía a través del viaje que Ignacio realiza al pueblo de sus abuelos: Trujillo, específicamente a una zona agrícola llamada Roma. Allí conoce y fortalece el vínculo familiar con abuelos, tíos, primos, vecinos, y hasta forma nuevas amistades. Al mismo tiempo, se enfrenta a una realidad distinta y descubre la distancia entre la vida citadina y la vida provinciana, donde a menudo se siente torpe al realizar tareas que desafían su identidad e incluso su idea de masculinidad.

En cuanto a los temas, el libro se nos hace muy íntimo. Nos relata, a modo de crónicas de viaje, las características del pueblo, sus habitantes, espacios turísticos, santuarios, así como leyendas y rasgos idiosincráticos que no faltan en ningún rincón del Perú. A esto se suman episodios fantásticos y anecdóticos narrados con simpatía (como las conversaciones con su abuela, las excursiones con sus tíos, o el encuentro con Lela), y también las primeras emociones amorosas, el asombro ante la vida y la creciente comprensión de la complejidad de las relaciones sociales (como se ve en el episodio con Luisita).

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A modo de conclusión, podemos decir que esta novela juvenil capta con autenticidad la voz de un preadolescente y permite ingresar a su mundo interior. Es posible que, para algunos lectores, la tragedia de las últimas páginas ocurra de forma abrupta; sin embargo, el autor siembra indicios de ello a través de episodios fantásticos previos. Además, el cierre del libro invita a reflexionar sobre la importancia de las reuniones familiares, en contraste con el dolor anterior.

En balance, El último verano posee un ritmo literario fluido que permite al lector viajar con el protagonista y compartir su experiencia. Los temas están bien integrados con la travesía vital de Ignacio, y el final deja abierta la posibilidad de una continuación. Por su contenido y las ilustraciones que lo acompañan —divertidas y bien integradas— recomendamos su lectura para todo el público juvenil.

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