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Varguitas con el novel






A Conversación en La catedral





Antes de que Varguitas vaya a recoger el premio Nobel, desde este humilde blog, deseamos darle un tributo personal y anecdótico sobre lo que me han hecho vivir sus libros. Y la mayor alegría para mí es que es uno de los autores del Boom y eso nadie se lo quita. Dígase lo que se diga de él mal o bien.
Pero antes de comentar sus obras, desearía tomar el problema que se suscitó con Vargas Llosa. El problema de Marito con su país, nuestro país. Es que, el ser tan polémico a veces con miras a lucrar, otras no (aunque me arriesge al decirlo) y a sus acciones no comprendidas del todo, le han creado un clima hostil en la mente de muchos peruanos.
Pero hay que analizar con cuidado las causas que provocaron esto. Lo que se dice comúnmente: "Él se cree español". Bueno, pocos saben que con la campaña fallida en el 90 (y el que les escribe tampoco le agradó tal situación) los fuijimoristas y apristas, y el mismo Alan García, le llenaron de cojudeces, mentiras y azuzaron a una población a odiarlo como un pituquito, racista y candidato de los ricos. Sucedido todo esto, se le acusó de traidor. Fujimori pensó en quitarle la nacionalidad. Varguitas que para entonces salió del país, antes de vivir bajo ese régimen, le fue otorgada la nacionalidad española por el rey, hecho esto el pidió la doble nacionalidad. Nunca dejó de reconocersele como peruano.
El caso anterior fue con Sendero Luminoso. fueron otra vez los apristas quienes deseaban que el comité de investigación diera de culpables a los militares del fujimorato y para comenzar el derrumbe de la dictadura.
Vargas lo tomó de buen temple y en cierta ocasión donó el dinero de un premio otorgado a las familias afectadas por el terrorismo.
Aunque no acaben las muchas discrepancias que hay con el escritor, los amantes de la buena literatura deben quedarse con sus mejores libros. Yo así lo he hecho.
En un intento por comentar con gusto, remembranza y cariño a sus libros leidos, me he dado la licencia de mostrarles algunas de mis impresiones sin ninguna pretensión a que ustedes, lectores, se replanteen la calidad de sus libros.
Sé que muchos prefieren los primeros libros de Vargitas Llosa, de su etapa sesenterea y un que otro libro de voluminosidad con una trama social amplia y otra novela histórica. Repasemos unos pocos:
Los jefes fue el primer libro de cuentos (y el unico) que escribió. Y leí vaya casualidad. Me llamó mucho la atención por mostrar la dependencia que todos tenemos a la figura de un lider o personaje de caracter al que seguir.

La ciudad y los perros. Cómo no querer a esta novela si con ella comienza el boom latinoamericano y mi pata Vargas consigue notoriedad internacional. (Confieso que comencé a leerlo cronológicamente después de los Los jefes y Los cachorros) Descubrí esta novela cuando aún no me llamaba la atención. Hay libros increíbles a los que vas sin esperanza y te cautivan y sientes culpabilidad por pensar mal de ellos. Bueno, las historias de los alumnos del Leoncio Prado me encandilaron, no dejé su lectura y la técnica de suspense es genial. Lo comencé a apreciar.

La casa verde fue una novela experimental al cien por ciento (debo confesar que amo esta novela). Por cierto, al principio no me atrajo mucho, la tenía en mi biblioteca desde tiempo -la edición era del 86- y antes de comprarme su primera novela, la hojee a temprana edad sin poder pasar del inicio: "EL SARGENTO echa una ojeada a la madre Patrocinio y el moscardón..." (perdonen si a la transcripción le faltan palabras, no las recordé al momento). Pero como me había propuesto a leerlo, la retomé a los 18 una noche helada en mis años de postulante. El primer capítulo lo leí seis veces como para coger su ritmo sin que me aburriese y sin dejar pasar algún dato menesteroso. Poco a poco me sedujo el trabajo casi arqueológico de leerlo con cuidado y hallando goce en la concentración que debía darle al ritmo. Me atrajo también la selva, otra vez la sensualidad de cómo era tomada a las mujeres de vida alegre, y de las féminas en su obra.
Aprecié sus cambios prosísticos y la técnica del diálogo, que identifique en las comicidades antiguas de la televisión, claro que la de Mario es anterior: cuando un personaje habla y se espera la respuesta de su receptor, habla otro personaje desde otro espacio y hasta de otro tiempo. La novela me concedió algunas lecciones sobre el tratamiento del tiempo y de los personajes.

Los cachorros, que también hojeé, me fue un libro un poco raro -pues no había la leído La casa verde- contada con infinidad de voces y me dio la sensación de ser una historia de mucho realce miraflorino o de la gente acomodada en ese entonces, en los lugares que contaba. Y éste me fue un prejuicio un tanto ingenuo, pues el autor a veces no escapa a su condición y lo soberbio se le sale a ratos. Fue muy trágico leer como Cuéllar se va alejando de sus amigos por la mutilación que sufrió. E igual triste y patética su muerte.

Conversación en La catedral es para mí su mejor novela. No la hubiese podido captar y asimilar si antes no hubiese leído su anterior novela. Aún recuerdo, estando en la Pre, cómo me enfrió su inicio. Ahora entiendo que el estilo seguido dio su sello en toda su carrera artística al menos hasta los 70. Lo maravilloso de esta novela es cómo nos envuelve en su embrutecimiento de una sociedad y la mediocridad que Zavalita nos conjuga. Admito que me identifique en un primer momento con el protagonista de su condición de asqueado, inútil, indefenso en el país donde vivía. Y es que esa Lima aun sigue viva. En fin, la novela es de tantos giros inesperados que no deja al lector desprenderse de las desventuras de Zavalita, Queta, Don Fermín, Cayo mierda, etc.

En Pantaleón y las visitadoras se me quedó la idea de que Varguitas es un innovador al límite. No quiso desaprovechar un tema que a la vez es cómica y que posee un mensaje satírico de las fuerzas armadas. No me gustó tanto como las otras y podría decir que su afán es experimental. La película es buena, (igual que Angie Cepeda haciendo un buen papel) aunque a Don Panta lo ponen muy cojudo al principio y se escapa de la novela. Creo que mejor contado está el film.

A La tía Julia y el escribidor le pondría en la categoría de historias satíricas, donde ya Vargas está imbuido del humor que desea explorar. A la par de que es interesante su relación con la tía, es casi un practica de cuento las historias de Pedro Camacho, que tienen buen suspense.

Todavía no acabo La guerra del fin del mundo, y me parece de lo más ambiciosa, pero con una prosa distinta, desearía que fuera escrita con su anterior estilo. Es una historia a veces tenebrosa de la gestación de fanáticos que van a unirse al Conseleiro por sus ambiciones personales.

Hay otras novelas que Varguitas escribió en los ochenta, creo que las demás están rayanas a lo comercial, será una apreciación atrevida. Quisiera en un futuro leer La fiesta del chivo que creo utiliza su estilo inicial, y El sueño del celta a ver que tan bien le ha salido, di una leída rápida a esta ultima que me confirma su lado más descriptivo.

Bueno, amigos, eso es todo deseo saludar a Varguitas por el Novel cuando venga y haber si nos tomamos unas copitas en algún bar. Un saludo de parte de este blog y del grupo PlumaNegra. Un abrazo, maestro...

Comentarios

  1. ESTE ENSAYO SÍ QUE SE HIZO ESPERAR, EH!
    BIEN POR ELLO.
    CANAL DOS VA A TRANSMITIR EN VIVO LA PREMIACIÓN.

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