Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2011

Pequeño tributo a Carlos Eduardo Zavaleta

Dudo que muchas personas tomen en cuenta los testimonios premonitorios. Sin embargo, y sin lugar a dudas, yo creo en los presentimientos.      Todo sucedió un martes de madrugada cuando no pude dormir. Padecí de pesadillas que no recordaba y desperté bruscamente.      Al comenzar mi día, un amigo me mandó un mensaje de texto cerca de las once: "Nuestro amigo Zavaleta ha fallecido tranquilamente". ¿Y por qué decía amigo? Pues, quizá sea una exageración de un joven que tuvo la suerte de verlo en su universidad, en el 2009, y haber conversado con él un año después en la Casa de la literatura peruana.       Los amigos que me acompañaron ese día recordarán la lucidez que mostraba en sus análisis y opiniones, y su humor fino para decirnos las cosas. También me hace feliz que nos haya invitado a conversar en su casa; pero que, me apena decirlo, nunca me atreví a visitarlo ni a llamarlo, mas por un asunto de timidez que de tiempo. ...

Mi Jamiroquai personal

E l funk, la música disco y otros ritmos setenteros ya nos conocíamos desde la niñez. Recuerdo haber oído a grupos como Kool and the gang, Earth Wind and fire, Skyy, The Commodors, Gq, Bee Gees, etc. Y otros tantos de rock pesado como se llaman actualmente: Deep Purple, Ac/Dc, Lenin Krabits, Queen, entre tantos que no puedo recordar. Claro que no conocía las distinciones o denominaciones de tantos grupos musicales que mi papá guardaba en sus cassettes —los tendría grabados desde los 80, supongo. Mi gusto por la música disco, en especial, y el funk surge con él, y las veces que me animaba a seguir las canciones cantando, no tan afinado por supuesto. Parte de mi niñez está relacionada a la música y a lo que me hace recordar cada vez que la oigo: un color que veía en ese instante, hacer la tarea jugando en al calle, en casa, etc. Habían pasado los años y algunas veces recordaba los ritmos que por el 2004 ya no se oían tanto en las radios. Fue una noche fría o helada o caluros...

A la memoria del tio Julio

     Cuando en la vida de un hombre suceden tantas cosas, al acercarse el final se desea finalizar bien. Así lo quiso el querido "tío" Julio que educó a sus hijastros como los suyos y a los hijos de estos como sus nietos. No quiero detenerme en rememorar su velorio y el viaje a su última morada. Mi fin es únicamente recordar escenas del pasado que se han quedado en mi mente y otras que se han mezclado con la fantasía de esos años.      Yo tenía a lo mucho 5 años cuando fui a Quepepampa, un pueblo al norte del departamento limeño (el llamado Norte chico), por primera vez ya consciente de ello. Antes había vivido allí al nacer.      La casa donde vivía el tío Julio era de dos pisos, ahí envejecía mi bisabuela fallecida, Luisa, al lado de su segundo compromiso Julio.      Cuando yo llegaba a esa casa a jugar solo o con algunos de mis primos o primas, el tío Julio, además de cuidar a la bisabuela enferma, veía muchas p...