
Dudo que muchas personas tomen en cuenta los testimonios premonitorios. Sin embargo, y sin lugar a dudas, yo creo en los presentimientos.
Todo sucedió un martes de madrugada cuando no pude dormir. Padecí de pesadillas que no recordaba y desperté bruscamente.
Al comenzar mi día, un amigo me mandó un mensaje de texto cerca de las once: "Nuestro amigo Zavaleta ha fallecido tranquilamente". ¿Y por qué decía amigo? Pues, quizá sea una exageración de un joven que tuvo la suerte de verlo en su universidad, en el 2009, y haber conversado con él un año después en la Casa de la literatura peruana.
Los amigos que me acompañaron ese día recordarán la lucidez que mostraba en sus análisis y opiniones, y su humor fino para decirnos las cosas. También me hace feliz que nos haya invitado a conversar en su casa; pero que, me apena decirlo, nunca me atreví a visitarlo ni a llamarlo, mas por un asunto de timidez que de tiempo.
Carlos Eduardo Zavaleta es un autor importante para la tradición cuentística peruana, ya lo había dicho Ribeyro en una ocasión, que, sin embargo, no tuvo esa premiación tan frecuente que tenían otros. Pero eso no es lo importante ni hay que lanzar leña al fuego para jalarle las orejas a los que les compete las premiaciones. Lo menester es volver a releer a Zavaleta como yo lo hice con el cuento "La primera mujer", "Baile de sobrevivientes" y tantos otros que sé que a muchos les asombrará.
Maestro, amigo (perdone esta confianza), espero que Dios guarde su alma. Aquí siempre lo tendremos presente.
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