Desde los inicios de la literatura, ha surgido
la estrategia de “historias dentro de la historia” que se cuenta en una novela
o cuento. La llamada literatura posmoderna, que presentaba diversos juegos temáticos, como el de diluir las distancias entre lector–autor o ficción–realidad,
parecía novedosa en su tiempo pero no era lo suficientemente nueva. Ejemplos
sobran, tales como Las mil y una noches, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la mancha, etc.
Este juego, se entiende, no era de exclusividad occidental, sino que en cuentos orientales ya poseía una extensa tradición.
Pues bien, uno de los autores norteamericanos
que ha empleado el recurso de las cajas chinas, continuamente en su amplia
obra, y el acercamiento entre la ficción y la “realidad”, como es Paul Auster,
ha demostrado en “El oráculo de la noche” que este recurso está lejos de extinguirse.
Esta novela, aparecida en el 2003 y ganadora del
Premio Qué leer, transcurre entre los años 80 entre las calles de New York. El
argumento se centra en Sidney Orr y su relación matrimonial con Grace, su
esposa y editora independiente. Ambos buscan el sustento diario, ya que un
accidente dejó hospitalizado a Sidney y este apenas puede trabajar. La
trama comienza cuando Sidney se repone y comienza a escribir una novela sobre
un editor ficticio Nick Owen, que gracias al amigo de la pareja, John Trause
(escritor de mayor éxito que él y viejo amigo del padre de Grace), le sugiere
que tome como punto de partida un personaje de El halcón maltés de Dashiel Hammet.
Nick Owen posee diversas cualidades del
protagonista y un día recibe la visita de la nieta de Silvia Maxwell, una
escritora ficticia que dejó una novela póstuma: La noche del oráculo. Owen se siente atraído por Rosa Leigthman la
última heredera y nieta de Silvia Maxwell, lo que le presenta un dilema: si dejar a su
esposa por ella o continuar con un matrimonio deteriorado.
Con un estilo sobrio, neutral, un lenguaje
sencillo, en este libro nos encontramos con las diversas reflexiones que se
hace el protagonista sobre el oficio de escribir (que se presenta como el más
importante dentro de la vida de Sidney); además de las vicisitudes
matrimoniales del escritor y las opiniones que tiene Sidney de Hollywood y su
papel como guionista.
La noche del oráculo puede parecer al inicio
monótona o cargada de muchos detalles anodinos, pero nada más alejado de lo que
presenta, pues las diversas tramas urdidas por el escritor Sidney atraparan al
lector y le transmitirán sus diversas lecturas de la vida, hechos cotidianos
incluso criticas de libros como El halcón
maltés o La máquina del tiempo.
Así pues, se denota el juego crítico del autor.
Un punto clave o meritorio de la novela es el
divertimento que nos brinda el perdernos en las diversas tramas que surgen de
la mente de Sidney, que aún brindándonos la idea general nos termina
encantando.
Con un final sorpresivo que desestabiliza, El oráculo de la noche da la
impresión que lo realmente necesario es causar diversa emociones en los
lectores sin apoyarse, en demasía, en la trama principal.
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